martes 20 de noviembre de 2007

Carta abierta escrita por el Dr Rafael Muci-Mendoza al embajador cubano

Cuando botaremos a este embajadorcillo cubano de Venezuela?
vdebate
Carta abierta escrita por el Dr. Rafael Muci-Mendoza, médico venezolano de la Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, al Embajador cubano.
Excelentísimo señor Embajador:
Debería usted bien conocer que es de ética elemental el que un embajador no se inmiscuya en los asuntos internos del país que le acoge como huésped.

Sus insolentes declaraciones sobre los médicos venezolanos, me obligan moralmente a enmendarle. El 'sistema de valores' que usted nos endilga, según el cual 'nuestra intención al estudiar Medicina es obtener un título y una acción en una clínica privada', además de insultar nuestra dignidad, con aviesa intención nos expone al desprecio público y nos desacredita ante nuestros enfermos; después de todo, somos sus médicos y con sus miserias todo cuanto poseen.

Usted emplea el procaz lenguaje del Presidente de acá, para dividirnos en 'oligarcas' y 'proletarios', epítetos éstos dichos para agraviarnos y que nunca antes nadie utilizó. Siendo antitípico hablar en primera persona, debo expresarle que, como muchos de mis colegas y aunque a usted le duela, recibí, EN LIBERTAD, una excelente formación moral, ética y académica que coloca al paciente como principio y fin del acto médico, paradigma que he tratado de inculcar a mis numerosos alumnos.

Yo, como tantos, por cerca de 40 años y por un magro sueldo, he trabajado con tesón la mitad del tiempo en un hospital público, a costo subsidiado con nuestro ejercicio privado. Este último lo hemos ejercido como profesión liberal en clínicas privadas, EN LIBERTAD, con honestidad, mística y orgullo.

Pero además debe usted saber que en lo personal he visitado Cuba en tres ocasiones. No lo hice por curiosidad o turismo, y le confieso que no conozco Varadero. He sido y he continuado siendo un invitado de sus médicos, y respecto a ellos, nunca hice uso de cuanto vi u oí en su país.

Su irritante intromisión me indica que es tiempo de hacerlo. En mayo de 1993, cuando su gobierno al fin dio a conocer al mundo la epidemia que, a pesar de sus adversas consecuencias, había mantenido en secreto desde 1991 y amenazaba con dejar en la umbra visual a más de 40 mil sufrientes, formé parte de una misión humanitaria que visitó la isla. En compañía de colegas cubanos y de diversas procedencias, examiné personas afectadas, ayudé a definir el paciente-tipo y a esclarecer las causas de lo que se dio en llamar Neuropatía óptica Cubana, y que en resumen -a despecho de que se haya invocado un factor multifactorial- fue trasfondo de miseria y hambre.

En cinco ocasiones me reuní con su Comandante para discutir estrategias diagnósticas de la epidemia, hoy por cierto trocada en endemia. En una de estas reuniones, y aunque parezca una pretensión el decirlo, una de mis colegas cubanas dijo públicamente que la neuro-oftalmología cubana se dividía en dos períodos, antes y después de las visitas docentes del doctor Muci.

A pedido de su Señor, hice mi último viaje a Cuba. Les comuniqué todo cuanto sabía; guiados de mi mano aprendieron nuevas técnicas, mis diapositivas fueron copiadas, y mis charlas video, grabadas. No pedí nada a
cambio. Mucho me fue ofrecido, pero el olvido es traicionero. Una simple esquela de agradecimiento me fue regateada. Regresé con la satisfacción del deber cumplido y un rictus de dolor al recordar la mirada famélica de mis colegas, trasunto de hambre de LIBERTAD, hambre biológica, pero también hambre intelectual al carecer de los instrumentos básicos para adquirir conocimientos: libros y revistas científicas.

Mientras tanto, Cuba exportaba su revolución con los dineros de un pueblo miserable. Pude apreciar allí dos clases de médicos. Unos, 'los olvidados' --a lo peor, distanciados del partido comunista--, que ocupan los escaños más bajos de la pirámide médica sin esperanzas de ascender. Ésos no asistieron a mis charlas. En mi universidad asisten a mis cursos, en LIBERTAD y por libre albedrío, quienes así lo deseen, sean médicos, estudiantes y aún miembros de otras profesiones. La otra clase, que llamaré 'la nomenclatura' --los ubicados en el vértice--, tenían acceso a la escasa tecnología y eran celosos guardianes de los libros, depositarios del poder que da el conocimiento. Ésos, privilegiados del sistema, tienen acceso a los banquetes, y viajan al exterior con dólares olvidando a aquellos pobres colegas que se quedaron en casa. La sociedad cubana es una sociedad triste donde se habla calladito para no ser escuchados por el Estado policial, donde se asciende siendo fiel y denunciando; en fin, trepando por sobre las cabezas de otros. La medicina de avanzada que ostentan, está apoyada en una ingeniosa propaganda, pero en realidad es una triste farfolla.(*)

Los delineamientos de su 'mar de felicidad' han encontrado eco en un gobierno antinacionalista, formado por una chusma precaria de talentos.
Por ello, con la creatividad castrada y a un coste de 1,3 millones de dólares diarios, prefieren buscar 'asesorías' y enviar enfermos a la isla. Su nulidad y estulticia(**) les impide tomar medidas de contingencia para ayudar a tanto necesitado que clama en nuestros hospitales por la resolución de sus problemas. Como usted declara, traer ' 1.500 profesionales' de sus fábricas de médicos, es otro inaudito ejemplo de traición a la Patria, de desnudez neuronal, un intolerable insulto, una incomprensible medida si se toma en cuenta, por una parte, el desempleo local y, por la otra, el que apenas son necesarios menos de 59 médicos para llenar las medicaturas vacantes para las que, estoy seguro, hay voluntarios. Las erradas políticas de salud no son culpa de los médicos. Son exclusiva competencia del Estado venezolano.

Hago mío el eco lastimero de mis pacientes y reclamo para ellos el dinero que injustamente se le regala a ustedes. Esos pobres seres han visto empeorar sus dolencias a lo largo de cuarenta años de apatía, pero, a no dudar, ahora se encuentran peor desde que 'el proceso' trata de rasarnos con ustedes, por lo bajo. Hay en la isla de Cuba demasiados aspectos que mueven a vergüenza y dolor, demasiados como para que usted cínicamente nos censure.

Se puede engañar a alguien una vez, pero no a todos todo el tiempo.

DR. RAFAEL MUCI-MENDOZA C.I. 1.345.517

(*) Farfolla: cosa de mucha apariencia pero poca importancia

(**) Estulticia: Necedad, ignorancia, tontería.

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domingo 16 de septiembre de 2007

La nueva oligarquía: contradicciones

La red hospitalaria en Venezuela colapsa gracias a las políticas gubernamentales. Interesante artículo de las graves contradicciones de este gobierno venezolano, donde se sigue ahogando al sector privado y donde no se habla de mística de trabajo, además de que el gobierno solo gobierna para menos de la mitad de la población, y a la otra mitad la tiene completamente arrinconada.
vdebate reporter
Juan Martín Echeverría //
La nueva oligarquía: contradicciones
¿Existe la participación democrática en las decisiones públicas?
Los médicos que laboran en el sector público reciben bajas remuneraciones y los que ejercen la medicina privada están cercados por las autoridades; mientras tanto se traen médicos cubanos, que en un porcentaje interesante desertan, y se planifican promociones de médicos socialistas en el cortoplazo.
Lo curioso es que, a pesar de la utilidad de Barrio Adentro como un filtro, la red hospitalaria colapsa y los seguros colectivos de losfuncionarios del Estado invaden las clínicas privadas. Un grupo significativo de integrantes del oficialismo muestran apariencias externas de riqueza y les sale su porcentaje de secuestros y atracos.
¿Será que hay demasiadas armas sueltas?
¿O quizás no funciona como es debido la organización policial, judicial y penitenciaria?
¿Bastará con la Ley dePolicía Nacional para combatir la criminalidad de alta violencia y reducirlos niveles de inseguridad en los barrios?
¿Es participativa y protagónicala actuación de las autoridades contra la delincuencia?
¿Qué pasa con las viviendas de interés social?, primero, por la secuencia de puestos de trabajo que genera y segundo, porque resuelve un grave problema a las clases populares.
Es injustificable la poca cantidad de soluciones habitacionales construidas en estos 8 años, la falta de integración funcional con la Cámara Venezolana de la Vivienda, el escaso aprovechamientode las modernas tecnologías y ese compromiso a medias, donde el discurso reconoce una prioridad, pero la realidad de los hechos aplasta los ofrecimientos.
Habría que destinar lo que se regala en el exterior al déficit de dos millones de viviendas. La banca privada gana dinero y cumple con las gavetas agrícolas, habitacionales, turísticas y de la pequeña empresa, entre otros, también adquiere Bonos de la Deuda Pública. Sin embargo, ¿un banco del Estado, como el Banco Industrial acaso cumple con sus funciones y cuál es su índice de rentabilidad? ¿Hay realmente una participación protagónica, en beneficio delos ciudadanos, de la red financiera del Estado?
Tenemos gracias a los altos precios del petróleo una economía de importación, de allí que los puestos de trabajo se crean en otros países y hay recursos para las misiones pero nadie habla de una mística para el trabajo, ni de capacitación de la mano de obra especializada, sino de una jornada de 6 horas, y en ese orden de ideas podríamos emplear a los bebés lactantes y tendríamos a toda la población trabajando.
En fin, solo el 11% de los venezolanos dice conocer el contenido de la reforma constitucional y ¿esa es la participación protagónica, plural ydiversa, en que las decisiones no dependen exclusivamente de una persona? En las encuestas el desempleo es el segundo reclamo, después de la inseguridad, y cada vez hay más gente y empresas dependiendo del Estado y en cambio se ahoga al sector privado, que es el más empleador.
De acuerdo al DRAE oligarquía es el gobierno de pocos y ha surgido una nueva oligarquía, amparada en el socialismo radical, que excluye a la mitad de la población, arrincona a la clase media y mantiene una perpetua confrontación, rechazando el acceso de los ciudadanos a la información pública.
¿Existe la participación democrática en las decisiones públicas?
En conclusión: Gravísimas contradicciones.

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