martes 1 de diciembre de 2009

Las elecciones en Honduras son una derrota para Chavez

Muy bien por Honduras que se quitaron la pesadilla llamada Hugo Chavez.
vdebate reporter
Las elecciones en Honduras son una derrota para Chávez

por Mary Anastasia O’Grady en el Wall Street Journal

http://exdiablo.com/2009/11/30/las-elecciones-en-honduras-son-una-derrota-para-chavez/


A menos que ocurra algo monumental en el Hemisferio Occidental en los próximos 31 días, la historia regional más importante de 2009 será cómo la diminuta Honduras consiguió derrotar las aspiraciones coloniales de sus vecinos más poderosos y preservar su Constitución.

Las elecciones presidenciales y legislativas del domingo, celebradas tal y como estaba previsto y sin incidentes, se erigieron en el mayor logro de esa lucha.

El candidato del Partido Nacional, Porfirio Lobo, era el favorito en los sondeos previos a la elección. Sin embargo, el nombre del ganador es casi lo de menos. La celebración exitosa de estas elecciones constituye un triunfo nacional en sí mismo para toda la gente que ansía la libertad.

El hecho de que EE.UU. haya dicho que reconocerá su legitimidad demuestra que esta realidad eventualmente llegó a la Casa Blanca. Aunque no sea el Waterloo de Hugo Chávez, el logro de Honduras constituye al menos una gran derrota para los planes expansionistas del hombre fuerte venezolano.

Entre los perdedores de este drama también figuran Brasil, Argentina, Chile y España, que hicieron todo lo que estuvo a su alcance para impedir las elecciones. Animados por su fervor, militantes al interior de Honduras se dedicaron a detonar pequeñas bombas en todo el país en las semanas anteriores al voto. Esperaban que el terror limitara la participación y restara legitimidad al proceso. Fracasaron. La participación cívica tiene visos de ser al menos tan buena como en las ultimas elecciones presidenciales. Algunos centros de votación incluso se quedaron, por un tiempo, sin la tinta indeleble usada para marcar los dedos meñiques de los votantes.

Los socialistas latinoamericanos trataron de desacreditar la democracia hondureña como parte de un esfuerzo para forzar la restitución del depuesto presidente Manuel Zelaya. Ambas partes sabían que si eso sucedía el proceso electoral estaría en riesgo.

Zelaya ya ha mostrado sus cartas cuando organizó a una turba para tratar de llevar a cabo un referendo popular fijado para el 28 de junio para cancelar las elecciones y permanecer en el cargo. Fue una medida ilegal y por ello fue arrestado por orden de la Corte Suprema y, posteriormente, desplazado del poder por el Congreso por violar la Constitución.

Menos sabido es que como presidente, según un funcionario del consejo electoral que entrevisté en Tegucigalpa hace dos semanas, Zelaya se había negado a transferir los fondos presupuestados, tal y como lo exige la ley, al consejo para su trabajo de preparación. En otras palabras, no quería una elección libre.

Chávez tampoco la quería. Durante el gobierno de Zelaya, Honduras pasó a integrar la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), una iniciativa de Chávez que también incluye a Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Un cambio en la presidencia ponía en riesgo la inclusión de Honduras en el ALBA.

La semana pasada, un funcionario del gobierno me dijo que los servicios de inteligencia hondureños se habían enterado de que Zelaya había realizado preparativos para reunirse con todos los presidente del ALBA en el país la noche de su planeado referendo de junio y se había encargado comida para una celebración por todo lo alto con 10.000 invitados.

El ALBA tiene bastante influencia en la Organización de Estados Americanos y no ha sido difícil para Chávez controlar al Secretario General José Miguel Insulza. El socialista chileno quiere desesperadamente ser reelecto en 2010. Tan solo un mes antes de que Zelaya fuera depuesto, Insulza encabezó el esfuerzo para eliminar la prohibición a la membresía de Cuba en la OEA. Tras la salida de Zelaya, Insulza siguió las instrucciones desde Caracas para aplastar la soberanía hondureña.

Para su desgracia, la aseveración por parte de la izquierda de que Honduras no podía celebrar elecciones libres no guardaba ninguna relación con la realidad. En primera lugar, los candidatos fueron elegidos en las primarias de noviembre de 2008 con observadores de la propia OEA, que calificó el proceso de “transparente y participativo” . Segundo, todos los candidatos presidenciales, a excepción de uno proveniente de un pequeño partido de la extrema izquierda, querían que se celebraran los comicios. Tercero, aunque Insulza insistió en tildar la deposición de Zelaya de un “golpe de estado”, el ejército nunca tomó el control del poder. Y, finalmente, el tribunal electoral independiente, elegido por el Congreso antes de que Zelaya fuera depuesto, seguía adelante con los pasos requeridos para cumplir su mandato constitucional y llevar a cabo el sufragio. Ahora que ya se efectuaron las elecciones, Insulza, quien insiste que el grupo no reconocerá los resultados, preside una OEA desacreditada.

Al menos Estados Unidos entendió, después de cuatro meses, que se había equivocado. Merece reconocimiento por darse cuenta de que las elecciones eran la mejor manera de seguir adelante y prometer reconocer los resultados a pesar de la enorme presión de Brasil y Venezuela. Barack Obama asumió la presidencia con la intención de instituir una política exterior basada en el multilateralismo. Tal vez esta experiencia le enseñe que la libertad realmente tiene sus enemigos.

Casi 400 observadores provenientes de países como Japón, Europa, América Latina y EE.UU. viajaron a Honduras para observar los comicios del domingo. Perú, Costa Rica, Panamá, el Parlamento alemán y Japón también reconocerán las elecciones. El gran apoyo internacional demuestra que los hondureños nunca estuvieron tan solos en estos últimos cinco meses como creyeron. Buena parte del mundo apoya su deseo de salvar a su democracia del chavismo y de vivir en libertad.

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jueves 30 de julio de 2009

La conexión latina de la Casa Blanca

http://www.eldiarioexterior.com/noticia.asp?idarticulo=32862

Mary O´Grady
La conexión latina de la Casa Blanca

"...Zelaya tenía los medios, el motivo y la oportunidad para destruir las instituciones democráticas del país. La insistencia de Obama de que (Zelaya) sea devuelto al poder ha fortalecido la imagen de un Tío Sam arrogante y condescendiente desconectado de la realidad de la región..."

Mary O´Grady 29 de julio de 2009

El ex-presidente de Honduras, Manuel Zelaya regresó a su país el viernes, viajando en una todoterreno desde Nicaragua a un pequeño pueblo fronterizo. Esta fue la primera vez que regresaba a Honduras desde que fue arrestado el 28 de junio y deportado por los militares por violar la constitución.

Zelaya parecía un poco desilusionado de que su teatral retorno no hubiera provocado un tiroteo. Unas pocas horas después regresó a Nicaragua, en donde el presidente sandinista Daniel Ortega le ha brindado refugio.

Si Zelaya sigue así, la crisis podría extenderse mucho más. Pero sin importar como se resuelva esta contienda de poderes, probablemente será recordada como el momento que definió la política estadounidense hacia Latinoamérica bajo Barack Obama.

Zelaya tenía los medios, el motivo y la oportunidad para destruir las instituciones democráticas del país y estaba tomando medidas para hacerlo. De haber tenido éxito habría consolidado su poder en la misma forma en que lo hizo el presidente de Venezuela Hugo Chávez y habría transformado al país en un estado policial. La insistencia de Obama de que Zelaya sea devuelto al poder ha fortalecido la imagen de un Tío Sam arrogante y condescendiente desconectado de la realidad de la región.

Los hondureños podrían ser más abiertos a una cátedra sobre la democracia de Obama si Estados Unidos mostrara más interés en desafiar a Chávez y sus aliados antidemocráticos o si entendiera el peligro que representan. En vez de eso, desde que asumió la presidencia en enero, el mandatario estadounidense se ha acercado a los malos dirigentes de la región, sólo para quedar en vergüenza posteriormente al revelarse que sus nuevos "amigos" en realidad son enemigos de la paz y la libertad.

Esta locura comenzó con la Cumbre de las Americas, llevada a cabo en abril en Trinidad, cuando Obama prácticamente saludó a Chávez como si fueran almas gemelas que hace tiempo no se veían. La respuesta del gobierno fue que la tensión en la región fue causada por George W. Bush. El encantador Obama cambiaría todo eso y a partir de entonces la influencia de EE.UU. volvería a hacerse sentir. Chávez no recibió el memorando.

El 19 de julio, el Washington Post informó que un nuevo reporte de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental encontró que "la corrupción en los altos niveles del gobierno del presidente Hugo Chávez y la ayuda estatal a las guerrillas narcotraficantes colombianas han convertido a Venezuela en uno de los principales trampolines para la cocaína con destino a EE.UU. y Europa". Ahora, Chávez dice que derrocará al gobierno hondureño.

A principios de junio, Obama llamó al presidente de Ecuador, Rafael Correa, para felicitarlo por su reciente reelección y, según un portavoz de la Casa Blanca, "expresar su deseo de profundizar nuestra relación bilateral y mantener un diálogo constante que pueda asegurar una relación basada en el respeto mutuo". Esto de nuevo hizo ver a Obama como alguien mal informado, ya que la falta de respeto que muestra Correa ante los intereses estadounidenses es legendaria.

El 22 de junio, reporté en esta misma columna que la inteligencia militar de Colombia tenía evidencia de que el gobierno de Correa apoya las FARC, el grupo guerrillero colombiano. Un furioso Correa saltó en frente de las cámaras de televisión para emitir una amenaza a The Wall Street Journal. "Estamos hartos de sus mentiras", advirtió.

Él no podría haber previsto que días después la agencia de noticias Associated Press emitiría un video de un líder rebelde leyendo una carta del fallecido líder de las FARC sobre documentos "comprometedores" que muestran el apoyo financiero de las FARC a la campaña presidencial de Correa en 2006 y "acuerdos" con emisarios de Correa. En el reporte de esta noticia, el diario español El País escribió que "varios correos electrónicos de los ordenadores de [el cabecilla de las FARC] Raúl Reyes dan cuenta de la entrega de US$100.000 al equipo de campaña de Correa. La novedad, ahora, es que un alto dirigente de la propia guerrilla admite verbalmente tal aportación". Correa niega las conexiones con las FARC y dice que esto es un "montaje". No se sabe aún si planea demandar a todos los demás periódicos que posteriormente informaron la noticia.

Luego de establecer que hacer las paces con los causa problemas de la región es una de sus prioridades, Obama ahora desea que Zelaya, quien fue respaldado oficialmente por las FARC la semana pasada, sea devuelto a su cargo. Si Honduras no cumple con ello, EE.UU. ha amenazado con congelar activos y revocar las visas de los funcionarios del gobierno interino.

Algunos observadores en Washington creen que esta extraña postura se debe al hecho de que Obama dependa profundamente del consejero para la Casa Blanca Gregory Craig para los asuntos latinoamericanos.

Craig era el abogado de Fidel Castro —quiero decir Juan Miguel González— durante la repatriación a Cuba del niño de 7 años Elian González en 2000 por parte de Bill Clinton. A lo largo de la campaña presidencial, cuándo él estaba asesorando a Obama, el izquierdista Council on Hemispheric Affairs lo respaldó diciendo que era "el hombre correcto para revivir las profundamente defectuosas relaciones entre EE.UU. y América Latina". En Otras palabras, darle un giro a la política hacia la izquierda.

Hay mucha especulación sobre si Obama está diseñando políticas en base a los "conocimientos" de Craig. No es muy difícil de creer. De hecho, si todas las políticas están siendo dirigidas fuera de la Casa Blanca, como muchos observadores argumentan, entonces las perspectivas del Consejo de la Casa Blanca podrían explicar mucho.

Fuente: Cato Institute y The Wall Street Journal

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