martes 12 de mayo de 2009

El gobierno ha obligado a la disidencia a sumergirme

"Hágase un Ejercicio. Supóngase, como un ejercicio intelectual, que Chávez se queda sin las brigadas antimotines de la Guardia Nacional y de la PM (que no es toda la GN ni toda la PM). Entonces, el país entero, chavista y antichavista, tomaría las calles. Los obreros de Guayana y los petroleros, los maestros y los transportistas, entrarían “en Palacio” y las brigadas paramilitares de asalto, sin el auxilio de los escuadrones de la GN y la PM, pegarían la carrera."
El Gobierno ha obligado a la disidencia a sumergirse, a no decir sus estrategias
Carlos Blanco
Mayo 10, 2009
Por unvenezolanomas
En Opinión
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¿Y las masas?… En su casa…

Las fuerzas que apoyan a Chávez están cada vez más raleadas. La escasez de asistentes a las convocatorias oficiales indica desgana; cansancio con el gas carbónico monocorde que emana desde arriba. Lo que el caudillo ofrece no se quiere; lo que se quiere, no lo ofrece. El prócer de otros tiempos es ahora el congestionado, panzudo y rabioso represor.


En los predios de la disidencia ocurre un fenómeno parecido. Las masas que por centenares de miles recorrían Venezuela, durante varios años, no están, con el volumen y la frecuencia de antes. Se verificó un fenómeno que hizo que la corriente democrática se desentendiera de la acción cotidiana, no porque abandonara su posición frente al despotismo, sino porque no confía en la dirección política. Este fenómeno se palpa en la calle; los estudios muestran la disonancia radical entre el descontento masivo que hay contra el Gobierno y el escaso apoyo a los partidos.

Las masas molestan. Antes del referendo del 15 de febrero varios dirigentes mostraban su incomodidad con el movimiento estudiantil en la calle. Decían que su movilización no era conveniente porque se podía caer en “provocaciones”, y los ciudadanos, ante posibles hechos de violencia, se asustarían y no concurrirían a las votaciones. No es de extrañar, con esa visión, que se disminuyera la actividad en la calle salvo la controlada; lo cual no se refiere sólo a las “marchas” sino a la conflictividad social en general. No hacer olas, era la consigna.

Esta actitud tuvo su antecedente en los tiempos previos al revocatorio de 2004, cuando hubo un amago insurreccional el 27 de febrero de 2004. A partir de ese momento, algunos dirigentes políticos comenzaron a invalidar el papel de la sociedad civil porque su acción en la calle enturbiaba las tratativas que habrían de conducir a la victoria opositora en el RR y, de seguidas, al esperado reconocimiento por parte del Gobierno. Eran los tiempos en los que se negociaba con Jorge Rodríguez, dueño del CNE. Recuerden que el gato aseguraba a los ratoncitos que la invitación era para una cordial piñata.

La sociedad civil que había participado de la dirección política, conjuntamente con los partidos, fue desterrada. Los partidos y algunas personalidades, tanto del mundo empresarial como del comunicacional, tomaron la dirección. Lograron algunos éxitos (el más importante fue dirigir la política del referendo en 2007), cosecharon fracasos también, pero el hecho central es que mandaron a la gente a sus casas, salvo que fuera en acciones que fortalecieran la estrategia “por arriba” de esa dirección. Aquel movimiento cerrero de las calles se fue apagando entre la brutal represión y la concepción según la cual era a los partidos a los que correspondía decidir qué hacer y cuándo; posición que se fortaleció más desde aquella acción memorable de la abstención de 2005, impuesta de abajo hacia arriba y de afuera hacia adentro de los partidos, que muchos dirigentes tomaron como afrenta inaceptable.

Las masas fueron enviadas a sus casas. No se hicieron chavistas, se replegaron. Ahora son necesarias, ante la evidencia de la brutalidad represiva, pero no salen como antes porque las condiciones son otras. Comienzan a salir de otra manera, en conflictos específicos.

Los partidos estaban mal antes de la llegada de Chávez y ahora están peor. Están peor porque están bajo un régimen autoritario que los quiere ahogar, porque no han renovado su proyecto, porque están fracturados internamente, y porque se han zambullido dentro del personalismo y la ausencia de democracia interna. Eso podría cambiar, pero no bajo una atmósfera de represión. Algunos dirigentes-que no los partidos a los cuales pertenecen- tienen vara alta y capacidad de conducción; pero son ellos, no sus organizaciones. No debe dejarse de observar la pelea ridícula que algunos mantienen contra otros por eventuales candidaturas, que en el actual panorama suena a mentecatez. Es como discutir sobre el color de la alfombra cuando el recinto en el cual aspiran a colocarla coge candela por los cuatro costados.

En estas condiciones, las masas no saldrán a la calle como antes, ni tampoco una dirección responsable puede proponerlo, para que sean objeto de brutal agresión. Algo sustancial ha cambiado, los demócratas -sin dejar de serlo- en su mayoría han desechado las ilusiones según las cuales el régimen respetaría algunas reglas democráticas; se vuelve a asumir que para que haya elecciones limpias en Venezuela, primero habrá que derrotar políticamente a Chávez.

No es lo mismo tener simpatías hacia Chávez que apoyar la represión a cargo de guardias y policías. No es poco, pero no es todo y, al final, puede ser nada.

Los partidos. Los partidos existentes son necesarios, pero no son suficientes y probablemente no sean la fuerza principal de las luchas, tal como están planteadas. Apenas se dice esto, suele salir la bobería según la cual este reconocimiento es antipolítica. No; no lo es. Es, apenas, la constatación de la precaria salud del enfermo, lo cual no implica el deseo de su fallecimiento.

Ahora la Represión. El hecho de que Chávez haya decidido desconocer la Constitución ha cambiado el panorama. Desconoció el resultado del referendo de 2007 y el de las elecciones de gobernadores y alcaldes a los que despoja de atribuciones y recursos; desprecia los derechos de los trabajadores a la contratación colectiva; niega el derecho de propiedad (como no puede dar casa, tierras y comida, se las quita a los demás), y también los de los ciudadanos, cuando los reprime violentamente.

Lo Que Viene. El Gobierno ha obligado a la disidencia democrática a sumergirse, a no decir sus estrategias en los medios de comunicación ni a anunciar sus movilizaciones como se hace en una democracia. Es asombroso el creciente número de ciudadanos que procede a organizarse de manera no secreta, pero sí discreta. Iniciativas diversas comienzan a florecer, la imaginación vuelve a hacerse presente. La conflictividad de los trabajadores aumenta; la queja de los barrios se hace más sonora. La fuerza sin rostro de la calle ha iniciado su trepidar. Allí comienzan a estar organizaciones de la sociedad civil junto a partidos, viejos y nuevos. Esta dinámica, a la cual ha obligado la represión, no es controlable. Los ciudadanos tejen sus redes.

Hágase un Ejercicio. Supóngase, como un ejercicio intelectual, que Chávez se queda sin las brigadas antimotines de la Guardia Nacional y de la PM (que no es toda la GN ni toda la PM). Entonces, el país entero, chavista y antichavista, tomaría las calles. Los obreros de Guayana y los petroleros, los maestros y los transportistas, entrarían “en Palacio” y las brigadas paramilitares de asalto, sin el auxilio de los escuadrones de la GN y la PM, pegarían la carrera.

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lunes 8 de septiembre de 2008

Hugo Chavez es un Arroz con Mango

Chavez es un Arroz con mango. Carlos Blanco nos explica porque.
vdebate reporter
Arroz con Mango
Carlos Blanco
¿Qué es esto? ¿Comunismo? ¿Militarismo? ¿Populismo de izquierda? ¿Fascismo? ¿Será importante saberlo? ¿No son, acaso, discusiones superfluas que no resuelven nada y sólo sirven para el solaz de intelectuales capaces de discutir sobre temas tan atrayentes como inútiles?
Chávez puede ser comunista, básicamente por su alineación política, y está acompañado por algunos cuantos que también lo son. Sin embargo, hay margen para preguntarse si su régimen está en el proceso de crear una sociedad socialista o comunista, dentro de alguna variante de la taxonomía marxista-leninista. ¿Venezuela va, de verdad, hacia el comunismo?
El Personaje
Decir que Chávez es comunista significa una concesión intelectual. Supone que el hombre conoce a Marx y a Lenin, ha estudiado a Mao, sabe lo que significan Kautsky y Rosa Luxemburgo, así como Trotsky y Gramsci. Supone también que sabe de revoluciones, de la francesa, la americana, la inglesa y de las que resultaron fallidas en la Europa del siglo XIX, junto a las triunfantes del siglo XX con la bolchevique en el frontispicio. Supone, sin duda, que los análisis basados en las clases sociales acolchonan sus insomnios y que el poder de los trabajadores martilla sobre su mesa de trabajo.
Pero, no. Este rollizo mandatario, como lo llama Vera Izquierdo, no es un intelectual y de estas cosas no sabe más que lo que absorbe -¡y cómo!- en tertulias con esos muchachos españoles dogmáticos que lo asesoran, que le han hablado de “hegemonía”, o con aquellos cubanos que se manejan a lo caribe, haciéndole creer al hombre que progresa en su comprensión de la naturaleza de las revoluciones. Nadie le ha dicho que el socialismo es un fracaso y que los que se siguen denominando socialistas en la mayor parte del planeta lo hacen dentro de tradiciones nominativas, difícilmente cambiables y que están allí más por costumbre que por ideología (el PSOE en España o el PS en Francia) o, de modo más simple, quieren diferenciarse de la derecha rabiosa y enfatizar los tonos sociales. Al hombre no le han explicado bien que los socialistas de hoy son partidarios del capitalismo social o popular.
Chávez es comunista por sus intenciones, las cuales emergen de una maraña intelectual poco cultivada pero en medio de un talento natural para la lectura veloz y la retórica vacua. También es comunista porque muchas de sus decisiones están enmarcadas dentro del propósito de crear una sociedad socialista, más o menos a la cubana, y el sueño de dirigirla hacia una comunista en la cual no exista más felicidad que la congelada.
Ser comunista sin saber qué es eso tiene en Chávez un excelso exponente, lo que ha sido potenciado por la bellaquería de Fidel Castro quien no ha reparado en el ridículo al cual ha condenado repetidas veces a su discípulo. Ha de acotarse que Fidel sí es un comunista de uña en el rabo, un intelectual y político que recreó las condiciones de las revoluciones socialistas, enmendándole la plana a Lenin y a Mao, a Kruschev y a Brezhnev. Chávez quiere, pero no puede, compartir los galones de Fidel, aunque éste ha cultivado tal ilusión como zanganería de vieja hiena, para engatusar al barinés.
Convéngase, sin embargo, que Chávez es comunista sin saber exactamente cómo serlo, por las ejecutorias en las que ha incorporado su régimen. Hay otros, cerca de él, o a tiro de piedra de sus gulas intelectuales, que sí son comunistas de los de librito. Es obvio que este personaje realmente se propone un régimen socialista de los duros como preludio a ese horizonte móvil que es el comunismo.
El Gobierno
Hay algunos elementos que enchufan lo que ocurre en Venezuela con esos propósitos revolucionarios. Uno, es el de la destrucción progresiva de la propiedad privada sobre los medios de producción, como se diría en buen marxismo. El segundo, es la concentración del poder de la sociedad en el Estado, como supuesta representación del colectivo, despojando a las élites preexistentes de mecanismos de control económico (empresas), político (partidos), sociales (gremios, sindicatos, ONGs) y simbólicos (iglesias, medios de comunicación, aparatos culturales).
Sin embargo, hay elementos que alejan lo que hace Chávez de cualquier socialismo rabioso y lo acercan a otra variante del autoritarismo, más clásicamente latinoamericano, militarista y fascistoide.
En primer lugar, el partido revolucionario como condición del socialismo que Chávez se propone, es una ficción; no existe, no ha sido construido y resulta muy difícil construirlo. Se requeriría una fuerza social organizada (“el proletariado” o alguna variante) que no existe en el horizonte social como parte del proceso chavista.
En segundo término, tampoco hay nada parecido al Ejército Rojo; no porque no existan badulaques dispuestos, sino porque un ejército revolucionario no puede construirse sin aniquilar completamente a los militares institucionalistas; mientras tanto, la Reserva Militar es una fiesta en Elorza producto de la creencia de que aprendiendo a manejar el fusil se está preparado para participar en una guerra. Otro factor esencial es que la destrucción de la propiedad privada no ha conducido a la creación de la propiedad social o colectiva, sino a nuevas formas de propiedad privada; dicho en caraqueño, las masas revolucionarias se cogen lo que encuentran, no para compartirlo sino para cogérselo en forma muy privada; lo que más ha prosperado en este período es apoderarse de todo: ¡proletarios del mundo, agarren que para luego es tarde! También concurre el hecho de que uno de los más importantes productos económicos y sociales de este tiempo es la burguesía bolivariana; la mayor parte constituida por recién llegados a los negocios junto a otros de cierta tradición y carencia de escrúpulos, para los cuales el socialismo es un mal chiste de su amigo Chávez.
Agobiados por el gobierno, sin sus sindicatos, porque éstos son desconocidos desde arriba, dejados a la intemperie, los trabajadores son los grandes excluidos de esta historia, los nuevos grandes expulsados de una revolución falaz que los invoca como su excusa.
Las Mafias
Lo que de verdad ha emergido es una red mafiosa que controla puntos neurálgicos de la sociedad. No son los proletarios; no son los revolucionarios, sino una corte de bichitos que se ha puesto donde hay y de lo cual esos jóvenes capturados en Miami son una brevísima muestra de la morgue en la cual yacen los buenos propósitos leninistas.Existen mafias, a la rusa, que se reparten las estructuras oficiales y que sabiamente dominan el acceso a los altos funcionarios del Estado, quienes las han puesto como sus alcabalas móviles para todos los efectos prácticos y lucrativos.
El Estado ha crecido como nunca; ha crecido podrido y en cada una de sus oquedades putrefactas se guarece una seccional de la mafia bolivariana.
En su marcha frenética hacia el comunismo, Chávez ha conducido a la sociedad al enloquecido y pestilente capitalismo salvaje.

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domingo 1 de junio de 2008

La sampablera

Cuando saldremos de esta pesadilla llamada Chavez?
vdebate reporter
El UNIVERSAL de HOY DOMINGO
Carlos Blanco //
Tiempo de Palabra
"Los chavistas de abajo no se calan a los héroes de arriba, infatigables en amasar plata"
CARLOS BLANCO
La sampablera La economía ha entrado en la boca del lobo, aun con la fiesta del petróleo. El PSUV dejó de ser solución y ahora es una tragedia. Los ministros se pelean y se anarquiza el Gabinete. Los candidatos, movidos por una indómita vocación de servicio público, saltan de las cornisas, emergen de los baúles y salen de los closets.
Los bolivarianos andan alzados y después de la consabida profesión de fe chavista, le caen a mandarriazos a las decisiones del comandante en jefe. Éste insulta un día y al siguiente se disculpa a lo caribe, con sonrisa y besuqueo. Para completar, aparecen los nexos con la guerrilla colombiana, el financiamiento, el utillaje regalado que hace pum-pum, las embajadas de las FARC dentro de Venezuela, en zonas detectadas por los satélites del imperio mismo, todo lo cual se añade a la desaparición en fila india de los comandantes "faracos", decididos a comparecer en masa ante la Corte Celestial.
Ya los chavistas de abajo no se calan a los héroes de arriba, infatigables en amasar plata en su nombre.
A los lados, Luisa Estella amarra la cara, se ajusta los lentes, se disfraza con toga y remeda la seriedad propia de los jueces cuando administra sentencias confabuladas en Palacio. Entretanto, esa combinación de Diploclodo y Estebaldo, que llaman Clodosbaldo, en silencio rebana leyes y ante la imposibilidad de infligir derrotas electorales, apela a la triquiñuela graciosa de las inhabilitaciones.
Izarra, por su parte, tal vez busca un camino para evadirse y procura que se olviden de él, por lo que crea un embrollo y ofrece, a los segundos, su renuncia. Maguila Gorila gruñe fuerte para imponerse a la manada porque hay quien le serrucha el puesto, no sólo ofreciendo más lealtad, sino porque asegura ser menos bruto.
El coronel Antonio Benavides Torres, de la Guardia Nacional, mostrando su sumisión total al caudillo y con la insolencia de los gorilas, trata a los estudiantes como lo hacen los "sobraos" con poder. Es natural que en este enredo no sólo existan problemas políticos, sino psicológicos y espirituales de alta monta.
Si a este narrador le diera por adivinar qué le sucede al Comandante, diría que debe estar bajo el impacto de una fuerte depresión moral.
Tal vez, acurrucado en su cama formato king, envuelto en una cobija tamaño imperio, seguramente tiene conversaciones con Alejandro Próspero Reverend a quien le transmite sus cuitas, y le cuenta cómo lo que ha querido hacer se le ha devuelto como maldición, que ya le afecta el cuerpo y el alma. Cabe imaginar que alguna vez sus edecanes le habrán oído susurrar: "he arado en el mar" y una voz le responde: "... y has cosechado guacucos". Entonces lo medican y lo calman, pero ya no es el torrente desbordado de la revolución, el tigre suelto de Barinas, sino el tirabesitos que saluda a Angela Merkel y a Uribe como un gatito de Angora que apenas ronronea. Y ya se sabe que Mens Morbida in Corpore Puter, como dicen en los bajos del Guarapiche cuando la gente está loca de metra.
La Gran Equivocación.
Con tanto pueblo alrededor, con tanta plata en la faltriquera, con tanta pasión en el alma, la pregunta inevitable es qué le pasó a Chávez, cuál fue el punto en el cual el proyecto de cambio se trastocó. En el centro del desastre está la visión que el líder tuvo de sí mismo y de su poder. Creyó que todo lo podía al disponer de la fuerza de las armas, del dinero y del pueblo. Se sintió todopoderoso e invulnerable. Pareciera que los siete pecados capitales los hubiera cometido juntos. La lujuria del poder. La gula que lo llevó a abandonar la mesa sobria del militar clase-media, por la seducción de los vinos, la manteca y los carbohidratos. La avaricia que convirtió a un hombre modesto de liquiliqui dominguero, en el potentado embutido en trajes de 18 kilates. La ira que mutó a un llanero simpaticazo en un hervidero de furias e irrespetos hacia los que lo han apoyado y querido. La pereza intelectual que le impidió usar su inteligencia en aprender, comprender y aprehender ideas, para quedarse sólo con las carátulas de los libros y los comentarios ilustrados de un par de generales y unos tres profesores, dos de ellos ignorantes. La envidia a los que, por otras vías, se hicieron del poder político; especialmente ese sueño en estado líquido que ha sido tratar de emular a Fidel Castro.
Sin embargo, lo peor ha sido la soberbia u orgullo que lo llevó a pensarse omnipotente, sobre la base de un concepto tan petulante como falso, como el reto a la naturaleza y la oferta de caerle a puñetazos si no obedece, que se atribuye a Bolívar. El voluntarismo se llama esta enfermedad. Es la idea de que la voluntad puede cambiar cualquier destino.
En los 60, América Latina pagó bien caro esa visión, según la cual no importaba tanto que "las condiciones objetivas" para la revolución estuviesen presentes porque "el foco guerrillero" podía crearlas; bastaba un puñado de decididos guerreros para que, con su presencia, el mapa político cambiara favorablemente hacia la insurgencia. No era verdad. No fue verdad. Che Guevara entregó su vida y la de miles de jóvenes del Continente por intentar sacar revoluciones de sus meras glándulas. Ha transcurrido casi medio siglo desde entonces. Chávez, por su papel, estaba obligado a saber historia. Sin embargo, el talento para la locuacidad, el gracejo, la copla y el embuste, fue desperdiciado.
Chávez no conoce la historia; no sabe de sus fuerzas y encrucijadas. No es un estratega, sino un "vivo", que sabe cuándo le aprieta el zapato y retrocede; sabe hacer buuuuhh, buuuuh, y asusta; no tiene escrúpulos para emplear la fuerza o el dinero; pero, ha demostrado que tiene un instinto de conservación muy desarrollado, lo que ha llevado a algunos -equivocadamente- a atribuirle dotes de estratega. Chávez es bipolar: o avanza como un tanque de guerra o huye como un conejo asustadizo, pero no puede moverse fácilmente y en diagonal en territorios de alta complejidad.
Por no saber de historia, sino de fechas de batalla, y por no entender que las fuerzas que determinan los hechos históricos no pueden ser manejadas por una voluntad, es por lo que el proyecto bolivariano ha terminado en el Caguán, estrellado de barriga. Al Final, el Caos. Chávez se ha desbaratado en el intento de meterle un gol a la historia. Compró apoyo, pero no lealtades; convenció a muchos, pero los defraudó; a los defraudados los obliga, pero no los inspira. No se puede forzar a los que siempre han luchado por tener algo, que es bueno no tener nada. No se puede sustituir la lealtad a la Nación por el acatamiento a una facción.
No se pueden borrar impunemente las fronteras entre el partido y el Gobierno, entre el Gobierno y el Estado, entre el Estado y su jefe, y entre la Hacienda Pública y la del caudillo. La humanidad, con sangre, ha establecido esos límites.
Chávez no lo entendió. Ahora, es el emperador del caos que lo arrastra y enferma

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domingo 6 de abril de 2008

Venezuela On Spot: current trends

Venezuela On the Spot: Current Trends
The Fletcher School of Law and Diplomacy together with The Latin American Student Association and Venered (a Venezuelan advocacy group) invite you to the panel:Venezuela on the Spot: Current TrendsDate: Monday, April 7 2008
Time: 7:30
PMLocation: Tufts University,
ASEAN Auditorium,
160 Packard Ave.,
Medford MA
02155-7082 USA
Panel discussion moderated by Leonardo Vivas with the participation of Carlos Blanco, Visiting Professor at Boston University and Ana Julia Jatar, Fellow of the Carr Center for Human Rights, KSG at Harvard University. Moderator: Leonardo Vivas, member of Venered is the former Director of Industry at the Development Ministry in Venezuela ; fellow and associate researcher at the Weatherhead Center for International Affairs at Harvard University ; and founder and Executive Director of Latin Roost. Mr. Vivas is finishing a forthcoming book about Chavez and Venezuela provisionally titled, Chavez, Democracy or Revolution?
Presenter: Paul Demakis, graduate student at The Fletcher School, former Massachusetts Legislator and former member of Transparency International Venezuela.ParticipantsAna Julia Jatar is a former member of the Executive Committee and Director of the Political Discrimination Project at SUMATE in Venezuela; former head of the anti-trust government agency in Venezuela; former Senior Fellow at the Inter-American Dialogue in Washington DC; former director of the Dialogue's Cuba Program; former co-host of Choque de Opiniones on CNN en Espanol; former fellow at the David Rockefeller Center , where she investigated the growing economic and political bonds between Fidel Castro's and Hugo Chavez's governments. She is member of the Editorial Committee of El Nacional . Dr. Jatar has a PhD in economics from Warwick University in the UK.Carlos Blanco is a Professor at the Universidad Central de Venezuela, fellow at the Weatherhead Center for International Affairs at Harvard University and Visiting Scholar at Boston University since 2005. He has been a Research Scholar in the David RockefellerCenter for Latin American Studies and served as Minister for the Reform of the State and President of the Presidential Commission for State Reform in Venezuela. Professor Blanco's books include Revolucion y Desilusion / La Venezuela de Hugo Chavez; Venezuela, Del Siglo XX al Siglo XXI: Un Projecto Para Construirla (editor). Dr. Blanco holds a B.A. from Universidad Central de Venezuela, a M.A. at Centro de Estudios del Desarrollo and a Ph.D. from Universidad Central de Venezuela

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lunes 8 de octubre de 2007

Chavez es un rico tambien

"el bolívar vuelto papelillo, proyectado a ser una diezmilésima de dólar; la escasez de dinero para el guateque romano ....."
"El César se tornó un basilisco, aseguró a los presentes que por su ineficacia era que lo iban a tumbar, mientras golpeaba repetidas veces a una sufrida mesa que aguantaba callada." Dios te oiga
"Chávez, poseso, habría gritado que le estaban deshaciendo la revolución que con tanto cuidado él se emperraba en conservar."

Carlos Blanco // Tiempo de Palabra
César furioso
Le cuentan a este narrador que hubo una reunión el martes pasado, a las 8 pm, en Miraflores, convocada por el Presidente con los altos funcionarios del Seniat y Pdvsa. El tema: el colapso de la economía; el bolívar vuelto papelillo, proyectado a ser una diezmilésima de dólar; la escasez de dinero para el guateque romano; y funcionarios con sueldos elevadísimos, envueltos en costosos trajes, ávidos por beber el batido de cebada de 18 años y encaramados en parihuelas marca Hummer.
Según cuentan, cuando Chávez preguntó: "Vielma, ¿dónde están mis 15 mil millones?", el jefe del Seniat le habría dicho que sólo tenía 3 mil, porque usted sabe, esto y aquello. El César se tornó un basilisco, aseguró a los presentes que por su ineficacia era que lo iban a tumbar, mientras golpeaba repetidas veces a una sufrida mesa que aguantaba callada. El Emperador, fuera de sí, increpó al segundo de a bordo de aquél, y al preguntarle su sueldo, que resultó ser de más de diez millones (con voz bajita: "con los bonos llego a 14 millones") se ordenó su despido porque eso, con esos sueldazos, no es socialismo ni revolución. Los funcionarios de Pdvsa y los del Seniat, atónitos, habrían presenciado una quema de fusibles de alto nivel, una especie de ataque bolivariano asimétrico, una locura del siglo XXI.
Otro Episodio.
Cuenta la leyenda que Cilia, la presidenta, habría entendido que se iba a modificar lo relativo a la propiedad privada, para aquietar un tanto la alarma generalizada sobre el tema. Bajo una lógica sencilla -es de suponer- no habría importado restituir unas tres palabras, relativas al goce, disfrute y disposición de los bienes objeto de propiedad privada individual, porque, ¿qué importa si después esos principios y disposiciones se violan, como ya ocurre a pesar de estar consagrados en la vigente (¿?) Constitución?
En todo caso, Cilia entendió que podía lanzar desde su balcón parlamentario esa chupeta de jengibre para la galería. Pues nada, el César se exasperó, según asegura la conseja caraqueña, porque él lo que había dicho era que se hicieran averiguaciones para ver qué decía la gente y no había autorizado cambio en su propuesta, la suya, de él, solita de él, que no le debe nada a nadie, ni a partido ni a dirigentes fatuos ni a revolucionarios reblandecidos por el alcohol caro, que viajan en primera clase y pacen en sus rústicos millonarios.
Chávez, poseso, habría gritado que le estaban deshaciendo la revolución que con tanto cuidado él se emperraba en conservar.
Uno Más.
En la reunión con los militares de esta misma semana, dicen los que también vieron el miércoles al Silbón en Camatagua, hubo su arroz con mango combinado con bacalao a la guayaba y rabo. Los militares están que no sueltan prenda, que es cuando se ponen peligrosos: "sí, mi comandante en jefe", "lo que usted diga, mi comandante en jefe", "patria, socialismo y muerte¿perdón, patria, socialismo o muerte¿" Pero, a pesar de esas palabras, dichas como un mantra del sánscrito usado en los cuarteles, se sabe que de los dientes hacia adentro, desde la garganta hasta el alma, lo que hay es descontento del grande, desazón y, sobre todo, rabia.
La reunión fue convocada para desmentir rumores sobre la desmejora de la seguridad social de los militares; más bien -dijo- sueldos y otros beneficios no sólo se mantendrán, sino que se incrementarán. Silencio; luego, aplausos forzados; pero, sobre todo, por debajo de viseras y boinas, miradas que telegrafiaban el descontento.
Mientras aquél les ofrecía plata y más plata, los oficiales se removían en sus asientos por el desprecio que implicaba pensar que sus molestias se tapaban con maletines de billetes.
Sentir las Pisadas.
Chávez perdió la sensibilidad, no por desquiciado, situación que sólo los especialistas en las dolencias del coco podrían certificar y a lo que este narrador no se atreve, sino por razones ideológicas y políticas. Es una persona que corporiza demasiadas contradicciones como para soportarlas con serenidad.
Despotrica contra los ricos;
sin embargo, no sólo su entorno se enriquece a la descubierta y con velas desplegadas, sino que él, Chávez, es un rico también, pero de los precapitalistas, de los que disponen de lo ajeno sin ser sus propietarios, de los que poseen sin derecho. Critica a los reyes porque no son electos y se comporta como ellos, pero no como los de ahora, los de las monarquías constitucionales, sino como aquellos monarcas absolutos para los cuales no era posible distinguir entre la hacienda pública y la privada, pues eran la misma. Si Chávez se viste , viaja y dispone de los recursos como un rico, regala millones de dólares como hacen sólo unos pocos ricos, si tiene debajo de su cama sus millarditos, si dispone del dinero (ajeno) como un rico; entonces, ¡qué importa que los bienes de los cuales decide no estén notariados como suyos, si a todo efecto práctico los trata como tales! Los ricos capitalistas o sus mayores nacen del trabajo. Chávez, como rico postizo que es, nunca ha trabajado, porque ni siquiera en la FAN a la cual la democracia que destruye le permitió llegar, trabajó; sólo conspiró.
También expresa la contradicción de querer ser el representante del pueblo, pero lo desprecia.
El pueblo no es esa categoría metafísica que maneja y que se le vuelve una melcocha en las vocales: "el pueeeeebbloooo¿", sino los venezolanos de carne y hueso, los médicos a los que atropella, los maestros a los cuales veja, los trabajadores petroleros a los que engaña, los habitantes de barrio a los que decepciona.
La diferencia que hay en la gestualidad, en las palabras empleadas cuando habla de un cubano con respecto a los que tiene cuando se refiere a un venezolano, es abismal; hacia el primero hay afecto, hacia el segundo desprecio. Quiere que los venezolanos lo apoyen pero los desdeña. El pueblo se le volvió sólo una palabra y la palabra se vació de contenido.
El pueblo es un comodín espectral para operar en el espacio comunicacional. Y sólo eso.
La tercera contradicción en la que incurre es considerar a sus colaboradores unos bichajos a quienes les ha dado una inmerecida chamba.
Los insulta y menosprecia, no porque se está volviendo loco, sino por algo mucho peor: se considera único, exclusivo, indispensable, demasiado elevado para la pequeñez de sus subordinados, demasiado águila para sus moscas bolivarianas. No es un fenómeno fundamentalmente psicológico, sino político; Chávez ha llegado a asumirse como el móvil perpetuo de primera especie, que no será detenido porque encarna la historia. Golpea mesas e infama a los suyos porque no cree en ellos, que son, precisamente, los que han sostenido la carpa, a los enanos, a la mujer barbuda y al tragafuegos, sobre una plataforma que se hunde.
Chávez todavía no está solo porque tiene capacidad de hacer daño, pero la perderá y se quedará íngrimo y solo. Su destino lo alcanzará.
carlos.blanco@comcast.net

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