lunes 18 de enero de 2010

Elecciones en Chile

Me alegro que Chile tenga un nuevo presidente, que sabe administrar dinero, y no como lo ha hecho el payaso de Chavez, que lo que sabe bien es malvaratar. 2010 bye, bye Hugo Chavez.
vdebate reporter
Elecciones en Chile: ¿Giro a la derecha en América Latina?... Lo pregunta Ricardo Angoso

Opiniones

Publicado el 18.01.2010 18:47
Por Ricardo Angoso

Tras la victoria del centro derecha en Chile, después de veinte años de dominio por parte de la variopinta Concertación Democrática, asistimos a reequilibrio geoestratégico entre los dos bloques que hasta ahora han dominado la vida política del continente, más concretamente entre los defensores de la democracia liberal de corte occidental clásico y los que apuestan por el modelo chavista de corte populista e intervencionista en lo económico. La izquierda tradicional, mientras tanto, sigue esperando una oportunidad que no parece estar cerca, a tener de lo que indican las encuestas. Las espadas siguen en alto y el 2010 será un año decisivo para confirmar el giro a la derecha.


La reciente victoria de la derecha chilena en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en las que el empresario Sebastián Piñera se impuso claramente al candidato de la desgastada Concertación Democrática, el demócrata cristiano Eduardo Frei, significa un hito histórico en la vida política de este país, donde desde el año 1990 una coalición entre los socialistas y los partidarios del candidato derrotado gestionaban el pospinochetismo. El consumado giro a la derecha en Chile es quizá tan sólo la antesala de futuros cambios en el continente, donde también se avistan elecciones en Brasil, Costa Rica, Colombia, Perú y Venezuela. Excepto en el último caso, donde no existe competencia política por el omnímodo poder que ejerce el ejecutivo sobre las instituciones que gestionan la limpieza electoral, en todos los casos se avistan avances de fuerzas centristas o consolidación de las fuerzas de centro derecha actualmente en el gobierno.


Al margen de que lo predecible pueda convertirse en realidad política en el próximo año, en Colombia, Guatemala, México, Panamá y Perú no se prevén cambios fundamentales en la correlación de los partidos en los próximos meses, según señalan las encuestas, lo que significaría que un bloque de países de centro y derecha se consolidaría en el continente en contraposición a la creciente ola izquierdista que vivíamos desde finales de los años noventa.


Brasil sigue siendo una incógnita, aunque los sondeos siguen situando en primer lugar a socialdemócrata José Serra, lo que sería un gran vuelco de confirmarse esta tendencia en las urnas y el final de la hegemonía de la izquierda en este emblemático país, pese a la alta popularidad del presidente saliente, el mítico Lula.


Constatado giro sociológico a la derecha en las encuestas, problemas en el bloque chavista

Visto en términos geoestratégicos, los resultados son muy significativos y apuntan al final de la hegemonía izquierdista en el continente latinoamericano, donde el régimen neosocialista de Venezuela, liderado por Hugo Chávez, siempre tuvo pretensiones de fundar un bloque político “antiimperialista” y claramente antioccidental, bocetado torpemente en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

Las pretensiones de Chávez pasaban, claramente, por el liderazgo de toda América Latina bajo la tutela del ALBA, más concretamente a través de los petrodólares que el régimen venezolano tan generosamente regala y gasta, tal como había expresado claramente en numerosas ocasiones y como ha mostrado a través de sus permanentes y constantes intromisiones en la vida política de casi todos los países del continente, desde Bolivia hasta Honduras, pasando por Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Nicaragua y Perú, por citar tan sólo algunos. Los partidos de la izquierda tradicional, principalmente miembros de la Internacional Socialista, se fueron quedando sin espacio y en una situación de bipolarización creciente también sin electores.

El proyecto hegemónico de Chávez hace aguas

Pero no sólo Chávez ha recibido este golpe –por Chile- en estas semana, sino que las cosas también se le tuercen en el área centroamericana, donde el nuevo presidente de El Salvador, Mauricio Funes, ya ha anunciado clara y rotundamente que no piensa solicitar el ingreso de su país en el ALBA y que su apuesta estratégica en lo económico y en lo político pasa por los Estados Unidos, su principal socio, todo hay que decirlo, y donde viven casi un millón de salvadoreños que envían suculentas reservas monetarias a su machacada patria.

Y luego está Honduras, que a merced del contragolpe que evitó el golpe de Zelaya, se salvó de caer en el foso chavista y que ha sido capaz de organizar unas elecciones limpias y democráticas que han colocado a Pepe Lobo como el futuro presidente para liderar el cambio y superar el turbulento y tenebroso periodo vivido por este país durante todo este año, tanto con Zelaya como con Micheletti. Honduras se apresta a iniciar una nueva era y el 27 de enero los dos personajes que han centrado la vida política de este país en este año perdido serán ya historia.

Lo mismo se puede decir de Costa Rica y Panamá, cada vez más críticos y alejados de las apuestas de Venezuela en política interna y externa, incluso en campos antagónicos a los del máximo líder venezolano. Incluso Canadá, país siempre muy diplomático y moderado con respecto a los problemas de la región, ya ha anunciado que apoya el cambio hondureño y que reconocerá al Gobierno de Lobo, en una clara afrenta al campo chavista.

Al mismo tiempo que en el plano externo el proyecto expansionista de Chávez se debilita, la situación interna del ALBA no es mejor, tal como señalaba recientemente un editorial del periódico colombiano El Espectador, al que cito textualmente: “Ni el Banco del Sur ni el ALBA han logrado despegar. Venezuela no tiene comprometido su ingreso a Mercosur, que aún cuando logró, tras más de dos años de debates, la aprobación del Senado brasileño, difícilmente va a pasar en el Congreso paraguayo. La unidad política del grupo se ha debilitado luego de jugarse a fondo durante la crisis de Honduras sin obtener resultados positivos. Debilidad acrecentada por el pragmatismo del presidente Rafael Correa, quien a pesar de su cercanía ideológica no se amarra, necesariamente, a Chávez. Luego, por su parte, trata de alejarse prudentemente y busca sobrevivir ante la espada de Damocles de un juzgamiento político en su país”.

Tampoco las cosas le pintan mejor en su aliada Nicaragua, donde el régimen sandinista de Daniel Ortega atraviesa sus horas más bajas. Corrupción, nepotismo creciente, falta de credibilidad interna y externa, inseguridad generalizada y una gravísima crisis económica, junto con la falta de ayudas internacionales tras el fraude perpetrado por Ortega en las últimas elecciones municipales, dibujan un cuadro crítico del segundo país más pobre de América Latina. Pronóstico reservado, que dicen los médicos. Para guinda final, además, aumentan las sospechas de que el supuesto suicidio, Alexis Argüello, fue realmente un asesinato político probablemente perpetrado por simpatizantes del cada vez más cuestionado presidente Ortega. Veremos en qué terminan las investigaciones, pero la familia insiste en esta tesis y las tensiones entre el ex alcalde y los dirigentes sandinistas eran públicas y notorias. La oposición democrática nicaragüense, que ya fue capaz de derribar al sandinismo a finales de los noventa, ha anunciado nuevas movilizaciones y se prepara para la lucha; el próximo año será crucial y no debemos descartar cambios para las elecciones regionales previstas para marzo.

En definitiva, y para concluir, asistimos a reequilibrio geoestratégico entre los dos bloques que hasta ahora han dominado la vida política del continente, más concretamente entre los defensores de la democracia liberal de corte occidental clásico y los que apuestan por el modelo chavista de corte populista, caudillista e intervencionista en lo económico. Las espadas siguen en alto, pero no cabe duda de que muchas cosas están cambiado en América Latina y de una forma rápida. Incluso el recién elegido presidente de Uruguay, José Pepe Múgica, ya ha expresado que su modelo es Lula y no Chávez, desmarcándose claramente de la rocambolesca aventura política del líder caribeño y apostando por un modelo de izquierda democrática más cerca de la socialdemocracia que del caduco castrismo que siguen enarbolando algunos. Por ahora, el siguiente duelo tendrá lugar en Chile, cuando los electores decidan, paradójicamente, entre dos candidatos de centro derecha.

Ricardo Angoso

Director de la Revista Lecturas para el Debate

Coordinador General de Diálogo Europeo.

rangoso@lecturasparaeldebate.com

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