sábado 17 de noviembre de 2007

Simplemente provocador

Los venezolanos en la oposición sabíamos lo que se nos avecinaba y no se nos paró. Bueno solo un milagro nos salvara de este loco, y de la ruina de Venezuela.
vdebate reporter
Simplemente provocador
Rubén Aguilar Valenzuela
15 de noviembre de 2007

La estrategia de Hugo Chávez en la Asamblea de Naciones Unidas, la Cumbre Iberoamericana, la de las Américas, el Grupo de Río y en cualquier otra reunión es la misma: provocar para alcanzar notoriedad en los medios. Sucede siempre y le garantiza “llevarse” el encuentro. Esa es su lógica.
Chávez llega a las reuniones con un altero de papeletas con citas de personajes célebres que van de Jesucristo a Bolívar, pasando por Artigas, Martí, Castro y el texto de algún papa. No hay congruencia ideológica. Lo único que se necesita es que las citas suenen bien.
Las intervenciones, siempre largas, pero sobre todos vagas y confusas, se desarrollan al ir pasando las papeletas. Lee una cita y pontifica sobre ella y luego otra y otra más. Él mismo se va radicalizando en su fraseo y empieza a insultar a algún político en activo. Puede ser Bush, recurso frecuente, pero también Uribe. En su momento lo fue Fox. En la última Iberoamericana, Aznar y luego el rey de España.
Los insultos, como único recurso ante la pobreza del discurso que está lleno de lugares comunes, en el marco de una ideología populista, nunca de izquierda, le aseguran el éxito mediático. Su estrategia es siempre ganadora. Se garantiza una notable cobertura noticiosa de los medios más propensos al escándalo y a la nota de color que al registro del debate de las ideas.
Los asistentes a las reuniones, por prudencia política y diplomática, no le responden. Lo dejan pasar. Las agresiones son registradas por la prensa. Hay nota. Se da el caso también, son los menos, que alguno de los asistentes pierda la paciencia y reaccione. Es lo que le acaba de pasar al rey de España y a Rodríguez Zapatero. En su momento también le ocurrió a Fox. El éxito, entonces, está doblemente asegurado.
En las reuniones, lo puede siempre constatar, nadie lo toma en serio. Los mandatarios se desesperan. El coordinador de la sesión le llama la atención, para que acorte y termine su perorata, que no discurso. En los pasillos y en los baños, pero también al interior del recinto donde se llevan los trabajos, los integrantes de las delegaciones se burlan de él. Se oye el calificativo de “payaso”. En Argentina escuché la del “tío provinciano rico que quiere impresionar a sus parientes de la ciudad”. La desesperación y la burla son unánimes, pero se expresan en voz baja.
Los únicos que parecen interesados en la perorata son los mandatarios de los países a los que Chávez financia. Me tocó ver en Mar del Plata a un Kirchner celebrando las intervenciones del venezolano después de que el gobierno de Chávez compró 4 mil millones de dólares de deuda argentina. Se alinea con facilidad Evo Morales. Fidel Castro también aplaude, pero las más de las veces son sus representantes los que siempre apoyan.
A ese coro se ha integrado Daniel Ortega, el que fuera comandante sandinista, que es ahora presidente de Nicaragua. En la pasada Cumbre Iberomericana de Santiago de Chile, Ortega llegó más allá que los otros en su sumisión. La defensa que hizo de Chávez después del altercado con el rey de España y Rodríguez Zapatero fue vergonzosa. Dinero manda. Chávez sabe cobrar.
ruben.aguilarv@gmail.com

Profesor de la Universidad Iberoamericana

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