miércoles 11 de julio de 2007

El agujero tabernero

VenEconomía Opina 10-07-2007
El agujero tabernero


El sector hotelero no se escapó del afán controlador del presidente Hugo Chávez.
Para lograr el control, el Gobierno ha creado instancias como el Ministerio de Turismo, el Instituto Autónomo Fondo Nacional de Promoción y Capacitación para la Participación Turística (Inatur) y la comercializadora de servicios turísticos del Estado, Venatur. Todos ellos, son organismos encargados de llevar adelante el Plan Nacional de Turismo a la medida del proyecto político de Chávez.
En esta política para el sector turístico es vital capturar para el Gobierno la mayor cantidad de instalaciones hoteleras. Para ello, el Gobierno viene aplicando desde hace varios años dos tipos de estrategias.
Por un lado, el Gobierno no ha renovado las concesiones hoteleras que se han ido venciendo, a fin de "retomar" la gerencia y administración de instalaciones que por años estaban en manos privadas. Entre ellos, resaltan el Hotel del Lago, el Hotel Meliá Puerto La Cruz (hoy, Gran Hotel Puerto La Cruz), el Hotel Anauco Hilton, que desde 2001 cuando pasó a manos del Estado se ha convertido en cobijo de la amplia delegación de técnicos y asesores cubanos instalada en el país. Más recientemente se apoderó del Hotel Caracas Hilton, el cual a partir de agosto de 2007 llevará el muy bolivariano nombre de Hotel Alba Caracas.
Si esto fuese un plan para promover realmente al turismo tan sólo se podría objetar que el Gobierno se esté convirtiendo en un operador hotelero, con la carga burocrática ineficiente e improductiva que ello representa, en vez de promover la inversión del sector privado nacional o internacional en el área.
Lamentablemente éste no es el plan bolivariano, y las intenciones del Gobierno van más allá de repetir la experiencia de la Conahotu en tiempos del dictador Marcos Pérez Jiménez.
El plan del Gobierno básicamente persigue privilegiar el llamado "turismo político", que no es más que traer visitantes para venderles el socialismo del siglo XXI, así como recibir al gigantesco contingente de representantes de los nuevos socios cubanos, iraníes, rusos, argentinos, brasileros, chinos o belirrusos, entre otros.
Así, cuando no existen concesiones por medio que rescindir, ha optado por otra estrategia: Copar a los hoteles, especialmente los de la ciudad capital.
Una serie de reportajes realizados por la periodista Mariela Hoyer Guerrero publicados por El Nacional, refleja la situación de unos 16 hoteles ocupados por funcionarios públicos nacionales e internacionales, así como hombres de "negocio" extranjeros que trabajan con el Gobierno. Éstos son los llamados "hoteles de la revolución". Uno de los más emblemáticos es el Hotel Crillón, donde se alojan los cerebros de Barrio Adentro.
La objeción a esta situación no es que la ocupación hotelera por los afectos a la revolución, desplace a venezolanos o a verdaderos inversionistas que visiten al país. La crítica está que en esta ocupación, el cliente (y el que paga la gran parte de la facturación) es el Gobierno, en vez de los huéspedes. O sea, con Chávez en el poder se ha creado otro gran agujero, ahora el tabernero, donde van a parar los recursos del petróleo, sin rendición de cuentas y sin retorno productivo para el país.

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